Nuestra Historia

Nuestra Historia

Zapatoca fue fundada por colonos Españoles o descendientes de estos que emigraron de la península en los siglos XVII y XVIII, gentes de las mas sanas costumbres, hidalgos campesinos que vieron en aquel pedazo de tierra una prolongación de la meseta de castilla, exquisito marco para exaltar las virtudes y continuar la vida abacial de los viejos burgos castellanos al servicio de su Dios y de su Rey. Asi, de sus primeros pobladores, los serrano y Solano, los Gmez Farelo, los Diaz, los Forero, lo Cortez, venían directamente de España; los Acevedo, los Plata, los Rueda, los Prada, los Ortíz, eran descendientes de ilustres familias españolas que se habían establecido en San Gil, Giron, Barichara, guane y el Socorro. (Palabras del Doctor Mario Acevedo Diaz)

La ciudad se extendía alrededor del hermoso templo de piedra finamente tallada. Las Calles de la villa eran anchas y rectamente trazadas por sus fundadores, exceptuando la “calle del caracol”, porque la oquedad de la laguna obligó a los hábiles diseñadores a seguir la curva de los barrancos que la enmarcan. Las calles estaban empedradas con pequeñas lajas calizas y correspondía a los habitantes de cada mansión la permanente limpieza del frente de sus casas y solares. Las casas de color blanco y de gruesas paredes de tierra hábilmente pisada, estaban cubiertas con tejas de barro cocido; eran altas y con elegantes y amplios ventanales.

Esta villa de familias distinguidas por su sangre, su cultura y sus señoriales y sanas costumbre; tenia colegios para señoritas y para varones, dirigidos por eminentes profesores. Los días transcurrían dentro de una paz y un silencio paradisiacos, las Mujeres después de brindar a todos los de la casa un buen trancado desayuno, con arepa de “maíz pelado”, se dedicaban a la confección de sombreros de paja que vendían el día domingo en el mercado. Los hombres, unos cultivaban los solares de sus casas o parcelas, y otros marchaban al campo a cuidar sus ganados o dedicarse al laboreo de las tierras. Los Niños marchaban a tiempo a las escuelas cumpliendo con la reglamentaria revisión de aseo que hacían los maestros. El descanso nocturno era una ley consagrada por la misma autoridad civil, mediante decreto en el cual reglamentaba los horarios de los establecimientos donde se vendían bebidas alcohólicas y fermentadas.

Había dos mercados semanales: el Domingo era el gran mercado y el jueves había también muy de mañana un pequeño mercado para proveer de legumbres y frutas a los vecinos.

El día Sábado hacia las 4 de la tarde, principiaban a llegar los agricultores arreando hermosos bueyes o borriquillos, o trayendo a la espalda los frutos de sus labranzas; los descargaban en la plaza (actual parque principal) en el exacto puesto que les correspondía en el mercado, con la plena confianza de que el domingo en la mañana hallarían todo intacto para iniciar las ventas.

“La vida era solemne,

Puro y sereno el pesamiento era,

Sosegado el sentir como las brisas,

Mudo y fuerte el amor,

Manzas las penas,

Austeros los placeres,

Raigadas las creencias,

Sabroso el pan,

Reparador el sueño,

Fácil el bien y pura la conciencia”

Estrofa del poeta castellano Gabriel y Galan